jueves, 11 de junio de 2009

Utopía


Nunca terminaban las reuniones de Estado. A la mitad del discurso, unos se dormían y otros comenzaban a hablar, pero también se rendían ante tremendo sopor. Aquella tribuna pública se llenó de tantos sueños que el país entero fue incapaz de levantar sus párpados.

(Inédito).

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