sábado, 29 de mayo de 2010

Presentación de mi libro "Bestiario" en el Centro Atlántico de Arte Moderno

El pasado martes, 25 de mayo, presenté mi Bestiario, publicado por Al-harafish edita, en la sala polivalente del Centro Atlántico de Arte Moderno, en Las Palmas de Gran Canaria. Los directores de la colección son Macarena Nieves Cáceres, José L. Luzardo (también autor de las dos ilustraciones) y Jero Maldonado. La escritora y artista visual, Macarena Nieves Cáceres, no pudo asistir porque hacía pocos días que había dado a luz a dos preciosas gemelas llamadas Celeste y Luna. Desde aquí le envío un abrazo inmenso a la nueva familia. La profesora de la Universidad de Las Palmas, Carmen Márquez, que compartía el espacio de la presentación con Macarena, fue, entonces, la única presentadora del libro, que también fue introducido rápidamente por la escritora Eduvigis Hernández, coordinadora del acto en el CAAM. Desde aquí les agradezco a las dos enormemente la generosidad de sus palabras. Por desgracia, no puedo reproducirlas, pero sí les muestro mi breve intervención, que fue tal cual...



Palabras para un Bestiario

Hace aproximadamente un año, el profesor Osvaldo Rodríguez Pérez me invitó a unas Jornadas sobre microrrelatos, aquí, en Las Palmas, que siempre le agradeceré, puesto que me dio la oportunidad de conocerle tanto a él como a sus amigos, gente formidable, por cierto. Mi estancia aquí en la isla durante varios días fue inolvidable y gracias a Osvaldo, como digo. Pero también le debo otra cosa, además de su amistad... y esa cosa es que tuviera la genial intención, junto con el profesor Fernando Moreno, de organizar un congreso sobre bestiarios, que aún no se ha celebrado y que espero que llegue a materializarse algún día. Sin que me propusiera nada, y por mi cuenta y riesgo, se me ocurrió que para pensar un ensayo sobre los bestiarios del mundo debía de escribir uno. Me parecía un ámbito muy interesante y esencial. Siempre me ha gustado investigar desde mi propia experiencia y no desde la de otros. Y por eso le debo a Osvaldo el estar hoy aquí presentando este pequeño libro que he titulado Bestiario. Su iniciativa motivó en mí libremente la pregunta, la curiosidad, el reto creativo de si podría crear un bestiario, de si podría encontrar un micro espacio creativo por el que me pudiera mover en esta larga tradición... Gracias, amigo mío.
A Macarena Nieves Cáceres y a José Luzardo les debo también su amistad y esta edición tan especial que han hecho de esta pequeña pieza literaria, con tan buen gusto, como siempre suelen hacer. Ellos han conseguido en sus carreras artísticas extraordinarios resultados, pero no solo con sus obras, sino con las ediciones de la insustituible revista Al-harafish, que constituye hoy por hoy una de las revistas más interesantes que ha dado el mundo hispánico, en la mejor tradición de la vanguardia europea e hispanoamericana. Mi opinión es que después de Gaceta de Arte no ha existido en Canarias una revista como ésta, que ocupa ya y ocupará, de eso estoy seguro, un lugar privilegiado dentro de las publicaciones periódicas de creación. Su forma de financiación es una genialidad, la concepción multidisciplinar y formal que defienden con independencia y dignidad sus promotores... todo ello es francamente inusual y demuestra una gran inteligencia y una enorme honestidad creativa.
Mi amiga Carmen Márquez ha dicho unas palabras sobre esta piecita literaria que agradezco enormemente, con la fina inteligencia que la caracteriza y que tanto admiro... Y Carmen, te agradezco muchísimo el esfuerzo y la amistad, un privilegio también para mí. Siempre tan ocupada y tan generosa con los amigos y tan preocupada porque la cultura camine con el rigor que merece. Todos los que he citado hoy aquí han hecho y continúan haciendo una encomiable y dignísima labor cultural en esta isla. Todos ellos, a mi juicio, constituyen referentes esenciales de la cultura hispánica dentro y fuera de Canarias. Sus trayectorias profesionales que conozco bien así lo demuestran.
Y muchas gracias a todos los presentes: a los amigos y amigas que nos acompañan hoy. Y a los responsables del Centro Atlántico de Arte Moderno, especialmente a la escritora Eduvigis Hernández, por habernos facilitado todos los medios para estar hoy juntos, en este espacio que aprecio tanto.
Pues bien, como les decía antes pensé que para escribir un ensayo debía conocer el objeto filosófico y así descubrir algún resquicio que pudiera iluminar un camino diferente. Y eso hice. Decidí escribir un bestiario. No reunir mis poemas que traten sobre bichos o animales y todo eso. No. Deseaba experimentar, ensayar... la bestialidad. Me sumergí en los bestiarios tradicionales desde la antigüedad hasta nuestros días y comprendí que la inmensa mayoría consideraban a las bestias como seres estúpidos, pero con cualidades morales o fantásticas que, en realidad, eran proyecciones de los deseos, las utopías y las pesadillas humanas. Y claro enseguida caí en la cuenta de que lo interesante era situar el concepto de bestia en lo humano. Una pequeña parte de la tradición de bestiarios más recientes podría ir en esta dirección. Por ejemplo, el Bestiario, de Cortázar. Pero no encontré un texto bien definido que hiciera girar todo 180 grados y pensé en componer uno que consistiera en redefinir el concepto mismo de Bestiario. Y pensé que durante su historia, la humanidad había vivido concientemente engañada con los bestiarios, puesto que estos habían sido concebidos desde la superioridad del género humano, pero delegando los defectos también humanos en las bestias. Los bestiarios tal vez entran en la consideración de textos que pueden ser variantes de contenidos míticos. Ayudan a proyectar las fuentes míticas, de alguna manera. ¿Y qué son los mitos sino formas de nombrar los misterios? Así que me propuse que mi bestiario humano, primero, fuera breve, a diferencia de otros, y que no fuera un catálogo de animales o seres fantásticos, sino de seres humanos que tienen algo de insectos... de bichos de todas las clases, y no al revés como suele ocurrir.
Tal vez la necesidad de definir, de diseñar metafóricamente un metabestiario, (si se me permite la expresión), es decir, un bestiario que hable de su forma de nombrarlo, ha ocupado gran parte del poema.
En cuanto a la forma, al género al que iba destinado, inicialmente pensé que debía ser un texto dedicado al teatro, pero luego pensé que mis mejores textos poéticos se estaban yendo poco a poco al teatro y que debía compartirlo. Por eso, este Bestiario lo considero en su totalidad un texto poético. Aunque también contenga microrrelatos, sentencias, aforismos...
Aunque he de confesarles otra cosa. Y es que para no pelearme con mis primeras intenciones escribí otro pequeño bestiario para el teatro contenido en el libro Outside (teatro poético 2006-2009), que recientemente me ha publicado la editorial Fundamentos. El texto dice así:

"Esta obra ha de contar con un catálogo de trece atrocidades que ha realizado la humanidad a lo largo de los últimos siglos.
El autor prefiere no proponer los temas, puesto que el catálogo puede ser infinito y la sensibilidad de cada época demanda un estilo propio.
Es imprescindible que el texto de cada atrocidad sea el de la referencia periodística correspondiente.
De esta manera, esta obra se presentaría con las trece noticias seleccionadas, a través de las reproducciones de los respectivos periódicos en donde aparecieron.
Este sería el texto que configura la palabra en escena.
No hay trama, no hay narración, no hay expectativa, no hay clímax, no hay nada.
Sólo hay descripción.
Esta obra, en realidad, es como una instalación artística.
Cada espectador es libre para pensar lo que quiera.
Y cada conciencia es diferente".

Luego, claro, caí en la cuenta de que más que una pieza teatral es, como digo, una instalación artística. Como no es la única vez que me sucede esto y el teatro lo abarca todo, pues me pareció interesante dejarlo así: una instalación en medio de un libro de teatro. Ahora bien, no seguí escribiendo bestiarios porque probablemente me siguiera saliendo el tiro por la culata... Porque si me hubiera puesto a concebir una instalación artística llamada Bestiario, estoy seguro de que me hubiera salido, a lo mejor, un relato o el jodido texto teatral que estaba buscando. En fin, como podrán comprobar, todos estos procesos creativos forman parte de lo mismo, aunque no es menos cierto también admitir que todo ello es, en igual medida, impredecible... Aquí, en la sala, hay varios artistas que cultivan diversas disciplinas y estoy seguro de que sabrán comprenderme bien.
En cualquier caso, espero que les guste este librito que han mimado hoy todos mis amigos. Muchas gracias.

A continuación, me pidieron que leyera unos fragmentos de mi Bestiario... Y eso hice. Les dejo una muestra:
Durante un sueño.
Durante su puesta en escena.
Los sonidos de un secreto delirio.
El aliento de los enemigos a punto de cruzarse.
Las bestias a punto de entrar.

Combate.
Combate y paz.

Algunas cosas no son lo que parecen.

Un bestiario.
Un bestiario no debe ser siempre de la misma manera.

Por ejemplo,
un bestiario sin bestias.
Porque...
una bestia es lo más parecido al hombre.

La expresión de una serpiente.
Porque...
es la expresión de unos ojos de hombre.

Y no entiende de apellidos.

Es el deporte preferido del hombre político.
Coleccionar bestias, dominarlas.

Y todo coleccionista oculta algo.

Los ojos de una salamandra descansan en paz.
Los de un águila miran rápido.
Son los restos de los imperios que caen.

Un bestiario puede ser un compendio de quejas o un compendio para hablar con Dios,
la mitad del Gran Libro de la Naturaleza y la mitad del Pequeño Libro del Hombre.
De esa unión nacen las bestias.

Pensar así.
Pensar en lo grande y en lo pequeño.
Pensar en los sonidos interiores,
los que causan ira.
Pensar en un rinoceronte que aplasta un caracol.

Porque...
es ser rinoceronte el que vive aplastando.

Lo dijo Koltés: Roberto Zucco.

El hombre se mira en la bestia.
La bestia, en el hombre.
[...]

Mi habitación es pequeña, siempre cerrada.
En ella he pasado mi vida.
Sólo tiene una cama, un sillón, unas estanterías con libros.
Por eso escribo.
En ella siempre hay una excusa para imaginar.
Las palomitas que la habitan se convierten en gusanos.
Siempre hay nidos en las paredes, en el techo, en las esquinas.
Siempre hay ideas escondidas en los huecos vacíos de estos nidos.

La bestialidad se transmite a través de los sueños.
El primer sueño lo creó alguien que no quería caerse de un árbol.
El último sueño de la humanidad lo he tenido yo: representar un bestiario.
[...]
La poética de los monstruos mueve razones trascendentes.

Máscaras.
Animales imaginables.
Cualquier cara puede ser bestializada.
Una leve pulsión, un aire indebido, un instante apropiado...
Y todo cambia.
El azar es bestial.

El pelícano conserva la comida en su largo pico.
Revive a los muertos y sus hijos nacen dos veces.
Pero el pelícano me mira,
es cierto que me mira.
Sus pupilas son de este mundo
y no del otro.
Aunque hay en ellas una violencia oculta que hace prever un final trágico.
Creo que todos los pelícanos del mundo necesitan un psicoanalista.
[...]

Rememorar un sueño, por ejemplo.
Rememorar cuando me he levantado llorando, con el hocico de la bestia colgado a la espalda.
Rememorar la casa.
Rememorar el antiguo dormitorio.
Allí se encuentra la anciana muerta, cuidadosamente acostada.
La familia velándola.
Otros fallecidos también velándola en espíritu.
No se ven mutuamente.
Uno de los espectros la ha traído hasta allí.
Yo me encuentro en el umbral de la puerta.
La habitación está inundada de insectos.

Hay algo, algo inquietante.
Si la anciana está muerta, ¿por qué le tiemblan las piernas?
Están tapadas con una manta que también se mueve.
Me acerco y levanto la tela.
Los insectos le comen la carne podrida.
Salgo de allí y comienza a llover con mucha fuerza.
Se rompen cristales, ruedan casas alrededor.
La simple lluvia se torna en un fuerte temporal.
Subo al piso de arriba.
Todo está oscuro.

Abro los ojos.
Me caen varias lágrimas.
Estoy despierto.
Me levanto.
Me miro al espejo.

Vuelvo a la cama.
Permanezco sentado unos minutos, en la oscuridad.

De nuevo a pensar.
Enciendo la luz.

Apago la luz.

Después del sueño.
Sobrevivir al sueño.

Kafka y Josef K.
Roberto García de Mesa y yo.

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