Como esto es un no parar, y como es navidad, se acumulan los transportes, los envíos, los sueños, las esperanzas. He recibido, por fin, ejemplares de mi último libro de poemas, inédito hasta ahora y titulado La cima inversa. Ha sido publicado por la bellísima editorial Buenos Aires Poetry (Buenos Aires, 2021). El diseño de Camila Evia es excepcional.
jueves, 30 de diciembre de 2021
Nuevo libro de poemas: "La cima inversa", de Roberto García de Mesa (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2021)
lunes, 27 de diciembre de 2021
CD "Divina comedia": música compuesta, producida, interpretada, grabada y mezclada por Roberto García de Mesa
jueves, 8 de julio de 2021
"Memorias de un objeto. Nausinoos. Oblivion", de Roberto García de Mesa (Santiago de Chile, Mago Editores, 2021)
Muy feliz. La lucha de la supervivencia de los libros depende muchas veces del azar y de la generosidad de personas. Y siempre es una sorpresa que a alguien le pueda interesar algún rastro disperso del pasado a la deriva por un tiempo que es de todos. Hace veinte años terminé Memorias de un objeto (1999-2001). Nausinoos lo escribí en 2005 y Oblivion, entre 2007 y 2008. En su momento tuve la fortuna de verlos publicados en España, al año siguiente. Del primero también hubo una reimpresión en 2006, en otra editorial. Nausinoos se ha traducido al griego, al inglés y al alemán. Estos textos forman parte de un camino poético hacia la objetividad más extrema y la metafísica que emprendí y que abarca casi toda aquella década, junto a otros libros como Puntos de fuga (2005) y Los pájaros invisibles (2005). En estos volúmenes hay una defensa a ultranza y muy radical de la imaginación frente a lo experiencial y coloquial, esto es, frente al canon actual e inamovible de la poesía en español. Han pasado 20 o 13 años de aquello. Una profunda crisis económica, moral y social provocó en mí la necesidad de buscarme de nuevo entre las palabras, de recuperar las palabras que la política y los dogmas habían corrompido o confundido o manipulado, así lo percibí y lo sigo percibiendo. Pero eso es otra historia. En cualquier caso, todavía no he renunciado ni renunciaré a la imaginación como la herramienta más poderosa de transformación individual y social. Me apasiona buscar y encontrar espacios poéticos complejos, refugios de la imaginación donde sobrevivir...
Tal vez no tenga mucho sentido publicar este libro ahora, puesto que va más a contracorriente que nunca, pero he querido hacerlo por algún motivo que aún desconozco. Quizá porque hace veinte años un editor de un país americano quiso publicar Memorias de un objeto, ya que creía en él, pero al final no supe más. Y porque siempre me quedé con la curiosidad de saber qué hubiera pasado en ese continente hermano.
miércoles, 19 de mayo de 2021
viernes, 14 de mayo de 2021
Aforismos, de Roberto García de Mesa
El azar creó el primer modelo y este el siguiente.
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Quien no sabe vigila a quien sabe.
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De todos los afluentes está compuesto el mar.
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La locura es la cara oculta del azar y el juego, su cara visible.
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La locura es la única redención de este mundo.
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La claridad ciega a los que buscan la luz.
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Solo para estar con todo.
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La sed más insaciable es la del olvido.
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Alguien construyó el vacío para pensar en él.
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La meditación no es un método, es un estado sin principio ni fin.
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Destaca el instante por su simplicidad, por su paz poética.
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Sin tiempo solo queda el cambio sin mesura: la eternidad.
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Viste el final del camino y no viste el camino.
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Conoce lo que existe por lo que no existe.
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Ambiciona aquello que perdiste y te perderás en tu ambición.
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Quieres conservar y conservas el miedo.
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Duda de lo estéril, duda de las cosas con cara.
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Vive el instante, no te refugies en él.
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Significas en el aquí y ahora, significas profundamente.
miércoles, 5 de mayo de 2021
"Mauricio Pérez Jiménez y las voces esenciales del caos", de Roberto García de Mesa
Mauricio Pérez Jiménez ha creado una exposición que, si se me permite la comparación, sería equiparable a lo que en literatura se denomina como plaquette. Y utilizo este término porque es un pequeño tesoro de palabras, iluminaciones y experiencias visuales. Se titula “Intropías”, palabra nueva que él define como un intento de abarcar “un estado existencial en el que nuestros pensamientos evolucionan a la disposición más probable”. Esta se acerca a un conocido concepto, propio de la física, llamado “entropía” que, tal y como lo define el Diccionario de la Lengua Española, de la RAE, consiste en la “medida del desorden del sistema”. Estamos, por tanto, ante una probabilidad, ante una medida posible del caos interior. Y así lo refleja esta colección de objetos poéticos expuestos en un lugar muy especial, “Desván blanco”, en Santa Cruz de Tenerife. Este imprescindible espacio cultural es coordinado por el artista Román Hernández González.
Pérez Jiménez, doctor en Bellas Artes y profesor en la Universidad de La Laguna, ha desarrollado profesionalmente su carrera, enseñando, investigando y experimentando en diversas áreas del conocimiento como la fotografía, la escultura, el vídeo, el diseño gráfico, el dibujo o la pintura. Pero una de sus grandes vocaciones ha sido la palabra poética, cuya práctica suele mantener en secreto. Esta es una de las pocas ocasiones, hasta ahora, donde se puede contemplar parte de su obra poética-visual.
Es obvio que la escritura siempre ha estado relacionada con las artes visuales y viceversa, claro. Como investigador que es, no es ajeno a esta tradición. Tal vez, de todos los géneros literarios sea la poesía la que más ha indagado en esta vinculación tan antigua. Desde los ideogramas chinos, los pictogramas sumerios, hasta los jeroglíficos egipcios, pasando por toda la tradición clásica greco-latina que realizó grandes aportaciones, como, por ejemplo, los caligramas helenos, technopaegnia del período clásico; los carmina figurata, que son los caligramas latinos; los palíndromos, etc. No menos importante es recordar a Simónides, cuyas célebres citas le atribuye Plutarco: “La pintura es una poesía muda” o “la poesía es una imagen que habla”. O a Horacio: “como la pintura así es la poesía”. Es bien sabido que estas ideas se convirtieron en un lugar común de la literatura occidental. Es raro el poeta, el escritor, que no haya reflexionado sobre ello. Lope de Vega decía de Marino, “gran pintor de los oídos”, y de Rubens, “gran poeta de los ojos”. Novalis: “El poeta piensa con imágenes”. Wallace Stevens: “la poesía y la pintura crecen por igual mediante la composición”… La lista es interminable.
La antigua tradición hizo concebir una imagen frente a un texto de dimensiones breves, exactas. Entre los dos elementos se establecía una relación enigmática. Todo esto también tuvo un gran momento a través de toda la tradición de emblemas y empresas. En España, adquirieron un gran auge durante el barroco. Las complejas composiciones barrocas fueron muy numerosas. Por ejemplo: los acróstofos, los telésticos, los laberintos, los caligramas, los lipogramas, los poemas multidireccionales, etc. La razón de ser de todo ello, según Rodríguez de la Flor, era “trascender los códigos del leer para aproximarse al ver”. Se exigía un alto grado de participación activa del lector. Este tenía que entrar en el juego interpretativo y recrear la obra con sus sentidos.
Por su parte, el Romanticismo irrumpe con una revalorización del yo, de la subjetividad y de la irracionalidad. Y se establece un fecundo diálogo entre las artes. Reaparecen las imágenes en los libros tanto de poesía como de narrativa. Se llaman ahora ilustraciones, puesto que ilustran, que iluminan el texto, lo explican gráficamente.
Las vanguardias históricas asumen con gran entusiasmo todos estos experimentos que, a su vez, son influidos, mediante los canales del colonialismo, por los poemas pictóricos de los creadores chinos y japoneses. Un movimiento conocido que continuó esta tradición fue la poesía concreta, en América y Europa. Durante el siglo XX, nombres imprescindibles, como Augusto de Campos, John Cage, Joan Brossa, Juan Hidalgo, José Miguel Ullán, etc. han dado obras muy notables de poesía visual. Pero esto no se da solo aquí, ya que en las raíces de la modernidad la prosa narrativa se contagia del lenguaje poético. En la célebre novela Tres tristes tigres, Cabrera Infante pone dos páginas en blanco. Joyce, el grupo Tel Quel o Julián Ríos (Larva) también fomentaron estas relaciones.
Hoy, la poesía se fusiona con imágenes fijas o en movimiento repetitivo, de manera muy habitual. Estamos generando más posibilidades, normalizando las vanguardias de antaño, creando espacios poéticos multidimensionales, espacios que provocan sensaciones donde la imagen pueda trascender. Las diversas artes están más unificadas que antaño. Y las fronteras entre los géneros literarios se diluyen en el ciberespacio, por mucho que se empeñen las grandes compañías de producción de libros en propiciar la novela. Se persigue la fragmentación y conectar todo más íntimamente, en movimiento. Con la emoción y la tendencia al cambio o a las probabilidades del caos, el relato lineal se pierde en la narración fragmentaria común. Lo poético se impone sobre lo narrativo. Y es algo tan normal que hasta parece raro llamarlo poético. Saltar de un lugar a otro, hacer volar el pensamiento, explotar las ideas, dotarlas de espacios por los que navegar es algo normalizado en las redes sociales, donde el caos se impone frente a la norma. Y todo está al alcance de cualquiera. El momento presente podría ser un período dorado para la poesía visual, si no fuera por la falta de conocimiento de la mayoría de los poetas actuales de esta tradición. Parece interesar más un selfie o adoptar un papel ante el objetivo.
Mauricio Pérez Jiménez conoce bien todo esto y en su nueva exposición propone un caos controlado entre probabilidades, formas, iluminación y el sentido oculto de las palabras. Busca los códigos secretos de las letras, las imágenes fugaces de la expresión escrita, su abstracción y sus bucles expresivos. Pérez Jiménez no hace otra cosa en “Intropías” que dotar a la materia de un significado lingüístico, de fundir, no la pintura, sino las creaciones escultóricas y fotográficas con las palabras. De esta manera, las naturalezas muertas cobran vida o sentido propio más allá de lo que se ve. “Intropías” es una experiencia interior para el expectador y es, probablemente, también, una invitación a reflexionar sobre las voces esenciales del caos.
(Texto del catálogo)