domingo, 9 de diciembre de 2012

Las palabras

Por un breve instante de belleza, toda una vida corrigiendo. A veces, me pregunto si vale la pena tanto trabajo o si hay otra manera de escribir un libro, una obra de teatro, un poema, un ensayo... sin sufrir tanto. Pero es que es imposible siquiera soltar una palabra de su instante, de su tensión, de su lugar... La tendencia natural de las palabras es la libertad, pero se sacrifican cuando pasan por uno, te atraviesan, te golpean, te hacen libre y ellas se encadenan a ti. Por eso, a veces pienso que el acto de escribir es un acto egoísta siempre en perjuicio de la naturaleza misma de las palabras. Ellas se sacrifican por ti. Parece extraño, sí, por eso el silencio, que también es palabra, pero, por eso, la necesidad de sentir, a secas, de dejarse llevar por su locura, por su fuego... Bueno. Es verdad. Escribir es un acto egoísta, pero también un acto de supervivencia, frente al fuego de las palabras, porque si no salen fuera de uno mismo acabarían convirtiendo el alma en ceniza.

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